Tener smartphone a los 12 años estaría relacionado con mayor riesgo de conductas alimentarias desordenadas
Los niños que tienen su propio teléfono inteligente a los 12 años podrían presentar una mayor probabilidad de desarrollar conductas alimentarias desordenadas dos años después, según un nuevo estudio publicado en JAMA Network Open.
La investigación analizó información de cerca de 9.000 adolescentes en Estados Unidos y encontró una diferencia entre quienes tenían smartphone a los 12 años y quienes no.
De acuerdo con los resultados, el 70 % de los niños evaluados tenía su propio teléfono a esa edad. Entre ellos, el 24 % reportó al menos un síntoma relacionado con conductas alimentarias desordenadas a los 14 años. En el grupo que no tenía smartphone a los 12 años, la cifra fue inferior al 16 %.
El estudio fue liderado por el doctor Jason Nagata, profesor asociado de Pediatría de la Universidad de California, San Francisco. Según explicó, uno de los factores que podría influir es el acceso temprano a contenidos relacionados con la apariencia física, especialmente en redes sociales.
Los investigadores también encontraron que quienes tenían smartphone a los 12 años presentaban el doble de probabilidades de relacionar su autoestima con el peso y 1,5 veces más probabilidades de haber intentado controlar su peso mediante prácticas como consumir alimentos bajos en calorías o realizar ejercicio en exceso.
El papel de las redes sociales
La preadolescencia coincide con importantes cambios físicos y emocionales. Durante esta etapa aumenta la preocupación por la imagen corporal y la comparación con otras personas.
Nagata señaló que las redes sociales pueden ampliar esa comparación al exponer a los menores a imágenes de influencers que han sido seleccionadas, editadas o filtradas, lo que podría contribuir a la insatisfacción corporal y afectar la autoestima.
El estudio no establece una edad específica como la ideal para entregar un teléfono inteligente a un niño. Sin embargo, especialistas citados en la investigación plantean que retrasar el acceso y aumentar progresivamente la exposición a redes sociales podría ser una alternativa para reducir determinados riesgos.
Entre las recomendaciones para los padres están limitar las aplicaciones que pueden instalar los menores, establecer reglas sobre el uso del teléfono, evitar que permanezca en el dormitorio y mantener conversaciones abiertas sobre los contenidos que consumen en internet.
Los expertos también aconsejan prestar atención a cambios en los hábitos alimentarios o en la manera en que los niños hablan sobre su cuerpo y su peso.
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