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James Webb descubre el agujero negro supermasivo más antiguo conocido


Un hallazgo del telescopio espacial James Webb está replanteando lo que sabemos sobre el universo temprano. Un diminuto punto rojo captado en sus imágenes, cuya luz fue emitida hace más de 13.300 millones de años, ha resultado ser CAPERS-LRD-z9, una galaxia primitiva que alberga en su centro un agujero negro supermasivo activo con una masa estimada de 300 millones de soles.

El descubrimiento, liderado por un equipo internacional de la Universidad de Texas en Austin, constituye la detección más temprana de un objeto de este tipo. Su mera existencia desafía las teorías actuales sobre cómo y cuándo pudieron formarse estructuras tan masivas en los primeros instantes del cosmos.

Una sorpresa para la cosmología

Desde que el James Webb comenzó a observar el universo joven, los astrónomos han identificado en sus imágenes diminutos puntos rojos —“small red dots”— presentes solo en los primeros 1.500 millones de años tras el Big Bang. Estas galaxias compactas y luminosas intrigaban por su intensa energía.

En el caso de CAPERS-LRD-z9, el análisis espectroscópico mostró líneas de emisión ensanchadas, señal inequívoca de un disco de acreción: material orbitando a gran velocidad antes de caer en el agujero negro. Esto confirma que gran parte de la luminosidad proviene de la energía liberada cuando gas y polvo son atraídos hacia este coloso gravitatorio.

Un reto para los modelos actuales

Encontrar un agujero negro tan masivo en una época tan temprana abre dos posibles explicaciones. Una es que surgieran como remanentes estelares pequeños, pero crecieran a un ritmo mucho más rápido de lo previsto. La otra, que se formaran directamente con masas gigantes mediante el colapso de enormes nubes de gas. Ambas opciones obligan a revisar los modelos cosmológicos.

El coautor del estudio, Steven Finkelstein, resume la magnitud del hallazgo: “Los agujeros negros del universo temprano eran más comunes y más masivos de lo que pensábamos, o crecían mucho más rápido de lo que nuestros modelos permiten”.

Más que un dato curioso

Este descubrimiento no solo añade un récord a la lista de observaciones astronómicas, sino que también podría cambiar la manera en que entendemos la evolución de las primeras galaxias. Si los agujeros negros desempeñaron un papel central en regular la formación de estrellas y el comportamiento del gas en estas estructuras, su historia es también la historia misma del amanecer cósmico.

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